Hoy vamos a hablar del más dulce y claro de todos los chocolates: el chocolate blanco. Además de hablar un poco de su breve historia y de sus posibilidades contaremos el secreto de cómo llega a su característico color.

Chocolate blanco por Veganbaking.net 

El chocolate blanco data de 1930, una época en la que ni si quiera el chocolate con leche era muy estable y por tanto había que tener mucho más ciuidado con estas variantes del chocolate puro respecto a su conservación. La primera tableta comercializada fue creada por la marca suiza Nestlé y el producto en sí se llamaba Galak. Un año después Estados Unidos tuvo su versión propia a través de la marca M&M Candy, la cual creo en New Hampshire la primera de estas tabletas. Pero en realidad la consolidación de este tipo de chocolate llego tras la II Guerra Mundial tanto en Estados Unidos como en Europa, empezando a confeccionarse variantes que, por ejemplo, contenían almendras.

El chocolate blanco debe constar por ley de un 20% de manteca de cacao, un 14% de sólidos lácteos, un 3'5% de grasa de la leche y un máximo de un 55% de azúcar/edulcorantes. Su uso en respostería es cada vez mayor pero no por ello carece de dificultad, ya que se debe trabajar en el punto justo de emulsión para evitar que queden grumos.

Respecto a su secreto, ya hemos dicho que nos referimos a cómo se consigue su característico color. El chocolate blanco carece de teobromina, que da al resto de chocolates su característico color marrón. La teobromina es un antioxidante que da ese característico sabor amargo al chocolate puro; pero también hay gente que puede querer evitarla por motivos de salud e incluso se han dado casos de personas adictas a dicha sustancia. Estos problemas no surgiran con el goloso chocolate blanco. La única sustancia activa que puede contener el chocolate blanco en muy pequeña medida puede ser la cafeína.